La importancia de la orientación profesional temprana

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Carmen Pelaez

La pasada semana disfruté de una agradable conversación durante la tutoría con un alumno de uno de los cursos de Garantía Juvenil en los que tengo la suerte de colaborar. Esta conversación me ha hecho pensar, y mucho, acerca de la importancia de una buena orientación profesional a los alumnos en edades tempranas.

A este joven alumno le faltaba haber definido sus objetivos profesionales y asociado pasos y tareas que le condujeran hacia esos objetivos. Pero, ¿Cómo fijar objetivos si no nos conocemos a nosotros mismos? Y, desde luego, ¿Cómo trazar el camino si no conocemos las opciones de las que disponemos?

Después de la tutoría me pareció que el alumno se iba con las ideas más claras y que podía reiniciar un camino que se había truncado porque no sabía qué alternativas tenía, qué pasos le podían conducir al trabajo que deseaba y qué competencias y cualidades personales poseía que le podían ayudar a alcanzar sus objetivos profesionales. Llevaba años dando tumbos y, de repente, en un ratito, se iban las nubes.

Me dio pena pensar que quizá podría haberse beneficiado de una buena orientación profesional unos años antes, y a lo mejor estaría más contento y más dirigido hacia sus objetivos y no habría abandonado los estudios dejando a medio terminar los estudios que había empezado.

Desde mi humilde punto de vista, una buena orientación profesional temprana, desde el momento en el que empiezan a elegir, a partir de 3º de la ESO, cuando ya están pensando en qué camino tomar en 4º, es imprescindible para que los jóvenes completen su escolarización y además tengan la mejor cualificación posible.

También es importante que estén satisfechos con su elección y eso ayudaría a que los jóvenes finalizasen sus estudios y pudieran acceder a puestos de trabajo de mayor cualificación.

¿Y qué pasa cuando no hay una adecuada orientación profesional?

  1. Los jóvenes no son capaces de conectar los estudios con sus aspiraciones profesionales. No ven qué estudios les pueden conducir a aquellos empleos que más les atraen.
  2. No conocen sus talentos y habilidades, así que eligen caminos inadecuados o simplemente abandonan porque no son capaces de identificar sus talentos y lo que dichas competencias podrían hacer por su desarrollo profesional y personal.
  3. No saben qué alternativas existen en el ámbito académico. La universidad no es lo único, y con la ESO solo accedemos a puestos de trabajo que no requieren cualificación. Hay muchas y atractivas posibilidades en el mundo de la Formación Profesional, y en España solamente acceden a la FP entre el 12-15% de los estudiantes, cuando las tasas de empleo llegan al 90% en algunos de los sectores que tienen mayor demanda de profesionales.
  4. Nunca han pensado sobre sus objetivos a largo plazo, no han planificado qué pasos pueden dar y qué pueden hacer para alcanzar el empleo que desean. Trazar un plan y seguirlo, aunque alguna vez nos equivoquemos y cambiemos de idea, es altamente efectivo y contribuye a que alcancemos nuestros objetivos profesionales.

Una orientación profesional adecuada y temprana puede ser clave para ayudar a los estudiantes a encontrar un camino educativo y profesional que les motive, reduciendo el riesgo de abandono escolar y mejorando la transición entre la escuela y el mundo laboral. Integrar estas medidas en el sistema educativo español podría tener un impacto muy positivo en las cifras de abandono escolar.

Hay países como Alemania o Finlandia que integran la orientación profesional en el sistema educativo desde edades tempranas, y las tasas de abandono escolar son muy bajas en comparación con España. En países asiáticos como Corea del Sur, Japón o Singapur, han alcanzado envidiables cifras en cuanto a finalización de los estudios y cualificación profesional.

¿Y qué tienen en común esos países?

  1. La orientación desde edad temprana, que ayuda a los estudiantes a identificar sus intereses y habilidades, lo que contribuye a tomar decisiones educativas y profesionales bien informadas.
  2. Se conecta la educación con el mundo laboral. En Alemania existe la FP Dual (que hemos recuperado en España en los últimos años, porque ya existía hace tiempo, aunque no se llamaba así). En Finlandia se fomenta la cooperación entre empresas y escuelas y en los países asiáticos la educación está directamente relacionada con lo que demanda el mercado laboral.
  3. La formación profesional tiene prestigio entre los jóvenes y se valora a nivel empresarial. Se anima a que los estudiantes accedan a la misma, especialmente en países como Finlandia y Singapur, donde alrededor del 50% de los jóvenes optan por la formación técnica.
  4. La formación es muy práctica, de manera que el alumnado tiene la oportunidad de “tocar” la vida en la empresa, y además se hace un seguimiento continuo.

Es verdad que, por ejemplo, en Finlandia se tiene más en cuenta el bienestar emocional, y en los países asiáticos se fomenta la competitividad, pero ambos modelos contemplan en sus planes de estudio el acompañamiento permanente y la ayuda a los estudiantes a la hora de tomar decisiones acerca de su futuro laboral. Esto hace que haya una baja tasa de abandono escolar y, además, las tasas de empleo para personal cualificado son muy altas (aunque eso merece un capítulo aparte… otro día).

¿No se hace nada positivo en España?

Una buena orientación profesional me ayuda a decidir. Ilustración de persona eligiendo su camino.

Pues sí, se hacen muchas cosas:

  1. Se está impulsando la Formación Profesional, informando a los jóvenes y dándole el valor que tiene a nivel social, aumentando la apreciación positiva. Además, se ha incorporado de nuevo la formación profesional dual, que ofrece una mejor inserción laboral.
  2. Aunque todavía hace falta que haya más orientadores, puesto que nuestras ratios están muy alejadas de las de los países más exitosos en educación, es cierto que poco a poco se va mejorando, aunque de manera, a mi modo de ver, muy lenta.
  3. Se van incorporando herramientas digitales relacionadas con la empleabilidad y las salidas laborales para nuestros jóvenes, lo que contribuye a que los orientadores lo puedan hacer cada vez mejor y facilitar a los beneficiarios muchísima información y recursos.
  4. Está cambiando la metodología aplicada a la orientación profesional. Se incorporan planes de acción tutorial y planes de empleo y se pone el foco en el autoconocimiento, para ayudar a las personas beneficiarias a detectar sus talentos, habilidades y aptitudes, y así determinar cuáles son las posibles salidas laborales y qué opciones académicas le pueden ayudar a alcanzar ese objetivo.
  5. Se acerca la empresa al estudiante. Ferias de empleo, jornadas de puertas abiertas, charlas de profesionales, programas de mentoring, etc. permiten que el alumnado conozca las opciones disponibles y pueda resolver sus dudas directamente con los profesionales que tienen esas profesiones que más atractivas les resultan.

Hay mucho camino que recorrer y muchos pasos que dar, sin embargo, ser conscientes de las carencias que tenemos y tener claras las posibles alternativas para corregirlas puede ser un buen paso para ayudar a nuestros jóvenes a alcanzar el éxito académico.

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